Vestido y zapatos de charol parada en la puerta principal de la casa, triste y pidiendote entre lágrimas no me dejes mamá, por favor no te vayas mamá. Sin moverme hasta que se desvaneciera tu silueta por la esquina. (Años después supe que mis gritos infantiles ondaba en el pecho de madre y sentias dolor al saber que nos dejabas porque tenias que ir a trabajar). Sollosos al saber que mis ruegos no habian tenido resultado, con mucho miedo de quedarme en casa, una semana más sin tí, sin protegernos y cuidarnos. Mi hermano mayor inmute a mi costado me miraba llorar y patalear de vez en cuando me abrazaba y consolaba. Otra vez solos a la merced de mi abuela, otros días más. Cuando gritaba diciendote que no te vayas, escuchaba el susurro de mi abuela: sigue llorando y verás lo que te espera. Gritaba más fuerte pero no te detenías, desconocías lo que pasaba en las semanas que no estabas, los fines de semana se iluminaba la casa por papá y por tí, las carcajadas, los paseos y sentirnos protegidos.
Un día furiosa con mi abuela le cerre la puerta en la cara y entre mi inocencia de niña me escondi debajo de la cama, pensando que armazón provisto de madera y colchón sería mi escudo de los golpes y matratos físicos que nos proporcionaban. Metida debajo de la cama sintiendo mi respiración agitada y el miedo rodeando mi cuerpo, alse la mirada y me di cuenta que la ventana del segundo piso estaba abierta y que por ahí podía pasar el hijo del vecino y dueño de la casa, casi reaccionando a ir a cerrar la ventana, lo veo entrar un flaco de 16 años que incurciono sin ningun problema y bajo las escaleras y escuche abrir la puerta, la voz de mi abuela agradeciendo y despidiendose por la amabilidad de abrirle la puerta, me senti perdida. Los sonidos de sus pasos fueron pesadillas recurrentes en mi infancia, que despertaba sudando y temblorosa, prendía la luz porque me invadia un miedo incontrolable. Palabras exactas no recuerdo, todas con sinonimos de que esta perdida, que la había hecho molestar y que pronto recibiria mi castigo. Movio la cama tratando de econtrarme y yo me movia de un lado a otro, le pedia a la empleada que trabajaba en casa y a quien tenía amenazada que me cogiera. Me movia como presa a punto de ser casada, latia más fuerte mi corazón, una de esas aleja la cama y expuesta no tenía salida, cogiendome del brazo levantandome en una.....no recuerdo más, no recuerdo que tanto me pego, que tanto pude llorar, o que tanto me dolio, claro que los golpes venía como podian ya sean cachetadas, manasos o su preferida un san martin de esos de 3 puntas que te dejan las piernas rojas y los brazos tambíen, claro que era sus lugares preferidos porque decia eso simbolizaba que los que vieran sabía que yo me había portado mal y que eso era mi castigo.
Yo que queria a la edad de 6 años, estar con mi mamá y jugar a las muñecas. Queria ser adoptada y que mis padres verdaderos vinieran y me llevaran lejos de todo eso.
Fueron varios años de matratos físicos y psicologicos...que en su mayoría no recuerdo, años después en una de mis sesiones terapeuticas, tocamos este tema y mi psicologo me comento que mi cerebro había tratado de proteger mi debil personalidad infantil haciendo que yo olvidara todo, olvidara el dolor, el sufrimiento.
Mamá fue cogida por sorpresa por la vecina y dueña de la casa quien vivia la espalda de la nuestra. En una confesión incómoda y avergonzada le conto su extrema preocupación de los gritos de mi hermano y los mios que escuchaba hasta su casa, le dijo B....no puedo seguir callado el maltrato que le da tu mamá a los niños, son constantes y me es dificil decirte todo esto. Mi madre sorprendida por lo que había escuchado, fue a la casa sin saber porque nadie le había contado y ya entendia ahora porque yo gritaba desesperadamente cuando ella se iba (me conto todo esto años posteriores). Entro a la casa cual fiera y tuvo una gran pelea con la abuela, la cual tengo un vago recuerdo de mi mamá diciendole a mi abuela que ella había soportado sus maltratos de niña pero que no iba a permitir que sus hijos lo vivieran que ella no era nadie, mi hermano y yo cogidos de las manos asustados, las dos mujeres que dirigian la casa tenían un enfrentamiento casi titanico. Mi abuela agoto al final de todo que se iba que mi madre la había botado y que ella no era más su hija. Mi madre se encerro en el cuarto a llorar. Nosotros casi desconcertados, me senti culpable de todo eso, de que mi mamá se sntiera mal, la abuela día después mando a llamar a un camión cogio sus cosas y se mudo en menos de una mañana, volvio un día despues a acusar a mi mamá de haberse robado un anillo de ella, de ahí acuso a mi hermano mayor. Mi mamá dolida y decepcionada, no supo que hacer. Cuando se fue yo olvidaba todo aunque mi hermano mayor si recuerda.
Sobresaltos en las noches pensando que regresaría, comence a tenerle miedo a la oscuridad que me duro muchos años.
Tenemos en casa unas fotos cuando mi mamá nos llevo al campamento donde trabajaba a mi hermano y a mi después que mi abuela se fue de casa. Una mezcla de felicidad y libertad.
Casi 2 años no tuvimos contacto con la abuela, se escondio, no dio la dirección para que mi mamá no diera con ella. Hasta que llego el día en que una de mis tías le dio la dirección, mi madre fue a conversar con ella y le pidio perdón, la abuela era orgullosa, regreso a nuestras vidas y comenzaron mis miedos nocturnos, no la quería cerca le tenía miedo, y como yo era su preferida, aunque no lo crean mi madre me hacía ir a acompañarla asu cuarto a dormir con ella. Yo paraba asustada, siempre con miedo de hacer algo que para su concepto merecia un golpe.
Esta historia tendría para más.
Solo dire algo más que el día que murio, yo no llore, quise hacerlo pero no me salia, quise fingir tristeza pero no me salio, no sentía nada, lo que si senti fue una gran libertad de saber que ella ya no estaría más en nuestra vida. Mi papá le tomo una foto a mi abuela en tumba, yo mire la foto y me di cuenta que si estaba muerta y no regresaría a hacernos daño a mi hermano y a mi, a los 8 años aprendi a no sentir, a sentir indiferencia y saber que la muerte libera y no tenía que fingir por algo que no sentia. Abrace a mi madre porque lloraba y se sentia triste a esa edad pensar porque se siente mal y no comprender su dolor, mientras ella lloraba y sufria yo me sentia liberada y tranquila de no volver a ser expuestos a golpes.
03 noviembre 2008
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